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lunes, 19 de octubre de 2009

Juego de poder


Estamos abogando por la idea de un nuevo orden en el mundo. Hemos aprendido a vivir en austeridad y a volvernos conformistas. A aceptar y adaptarnos para sobrevivir, para evolucionar si es necesario. Somos expertos en tolerar injusticias. La tristeza en nuestra mirada es el pan de cada día, las sonrisas fingidas durante el festejo. Celebramos 200 años de nada. Celebramos para olvidar nuestras penas. Si nos va peor, nos tranquilizamos y pensamos que todo va a estar bien después. Nos vamos de compras para llenar el vacío en nuestras vidas. Nos endeudamos y lo pagamos todo a crédito y aún así llegamos a pensar que le llevamos ventaja a nuestros proveedores de basura, cuando no estamos obteniendo ningún beneficio o ganacia. Somos devotos pero no creemos realmente en nada, pues la fé también es fingida. Estamos rentándolo todo, porque no tenemos nada. Pero en realidad nos están cobrando por todo lo que de por sí nos pertenece. Estamos en los extremos, tratando de disimular el alto contraste... tratando de fingir que no somos pobres, queriendo ser de "sociedad"... queriendo vivir como la televisión nos dicta: Poder adquisitivo, un buen departamento, muebles bonitos, decoración vanguardista, ropa de diseñador, american express, un auto decente, una novia hermosa que puedas lucir, amigos atractivos, fiestas, playa, hoteles, viajes, cenas, primer mundo. Somos el sueño de cualquier timador. Vivimos nuestra vida cotidiana entre la publicidad, las falsas garantías de créditos imaginarios y los sueldos bajos. Somos consumidores. Somos superficiales en el fondo. Somos los nativos que han perdido la identidad cultural, la cruza de razas, el perro corriente... los chicos wannabe, los spanglish guys, los fucking wetbacks, goddamn beaners, los jardineros, los sirvientes, el patio trasero de un país que no es el nuestro. Estamos quejándonos de todo porque no nos tocaron migajas. Estamos muy enojados. Pero nos tienen, nos conquistan de nuevo con una pequeña muestra de atención o reconocimiento. Nos controlan porque somos muy ingenuos, porque hemos crecido bajo un orden rancío, con la educación caduca que brinda el estado, porque nuestra edad mental no fue estimulada correctamente. Porque para nosotros es más importante el dinero y todo lo que tiene que ver con él. Y los que tienen un poco más, se creen mejores personas. Todo está tan mal distribuído. Vivimos en un absurdo... odio, separatismo de razas, de clases, género, de todo. Todo está ordenado por categorías... y nosotros somos la más baja. Cuando nos dejan caer las malas noticias, desvíamos la atención hacia cosas más simples (fútbol, fechas célebres, televisión, etc) y fingimos que todo va a mejorar en algunos dias. Nos han criado para ser cobardes, aparentar que somos fuertes y que nos vale madres todo. Pero somos pequeños y tenemos miedo. Y quien tiene el poder nos amedrenta, nos intimida con todos sus recursos disponibles... y nosotros, individualmente, somos tan frágiles. Y no sabemos que hacer, aunque todos sabemos que no falta mucho para que las cosas cambien. Somos bombas de tiempo. Y el valiente vive hasta que el cobarde quiere.

viernes, 21 de agosto de 2009

No grace.

¿Estarías más satisfecha si me hubiera roto algún hueso o hubiera ido a darle su merecido al pendejo que me golpeó el carro?, últimamente siento que te enojas conmigo porque crees que estoy de más en tu casa. Me pregunto si no es suficiente ya el simple hecho de despertar cada día sintiéndome una mierda, por no conseguir nada mejor en la vida. El trabajo peor pagado, el gusto por el ingrato rock y la indiferencia por la vida. Puras indecisiones... ya sé que no he sacado el título, que no soy profesional, que no tengo muchas posibilidades en el mundo laboral, que no tengo muchas posibilidades en el mundo real. Pero tú no me ayudas mucho en esto y cada vez que tienes oportunidad me recuerdas que estoy fracasando de manera colosal. ¿Y de cualquier manera, qué puedo hacer? Si pudiera detener el tiempo para componer las cosas antes de retrasarme más en el trabajo, en la casa, en la vida... ya lo habría hecho. No me esperes cada que vayas a hacer algo más, ocúpate de tus asuntos y deja que yo me vaya por mi cuenta. Soy un hombre, no necesito cuidados especiales. Me siento de sobra en tu vida, pero cuando me hagas falta me voy a revolcar obsesionado por todo eso que no pude darte, por todo eso que quise conseguir solo para que te sintieras orgullosa. Llorar por ti es cosa común, pensar en ti durante las películas conmovedoras que se tratan de las cosas importantes de la vida es inevitable. Nuestra relación no es totalmente sincera, ni tú me dices todas las cosas que odias de mí, ni yo puedo precisar las palabras para expresarte cuanto te quiero. Todas las cosas que debo pasar para que me preguntes sobre lo que me preocupa. Si me ves angustiado bien sabes que no es tu culpa, pero solo tú podrías prestar suficiente atención al momento de desahogarme. Ya todo mundo sabe que no quiero buscarme más desengaños y qué siempre me muevo al margen de todo, ya todo mundo está aburrido de que yo exponga mi punto por esa estúpida manía de que todos creen tener la razón y te consideran el imbécil más grande solo por expresar lo que necesitas decir ciertas veces. El mundo es cruel, pero no tanto como lo puedes ser tú en ocasiones. Solo siento que estaré haciendo las cosas correctas cuando me vaya de aquí. Cambiar de espacio, cambiar de costumbres, de aspiraciones, de gente... ya lo sé que me voy a morir solo. Siempre me pregunto por qué todas mis pasiones las escondo de ti. Por qué no puedo enseñarte algo que hice, por qué no puedo mostrarte esas cosas en las que pongo el corazón. Debe ser el miedo a tu disgusto. Cada vez me vuelvo más reservado cuando estoy contigo. Cada vez expreso más cosas al aire. Cada vez me siento más solo y cada vez más con menos remedio. Supongo que debe ser normal. Todo el tiempo he pensado que la vida se basa en el deterioro de todas las cosas. Crecer y pudrirse, física, emocional y espiritualmente... y todo lo que aprendes solo sirve para sentirte más estúpido, que ironía. Y cuando nuestra relación empezó a deteriorarse, mi inocencia empezó a morirse poco a poco. Y ahora ya nada es seguro. Y ahora me acobardo por cualquier amenaza. Estoy considerando alejarme un tiempo para volver a extrañarte.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Cirrosis Bar


El otro día, la beba Galván comentaba en nuestra mesa las bondades del marcador permanente utilizado como delineador para cejas, mientras Rogelio y yo hablábamos de negocios en un bar del centro. Es chistoso cómo siempre, en medio de una gran borrachera, la gente habla detalladamente de sus grandes proyectos a futuro. ¿Qué tanta certeza podrá haber en una charla trivial después de la ingesta desmedida de alcohol?, la verdad... quién sabe, pero lo seguro es que dichas habladurías son parte esencial de ese fenómeno necesario que es socializar. A veces hasta hay que esperar turno para proferir alguna sarta de pendejadas (es necesario liberar el alma por medio de la expresión oral, muy larga en algunas ocasiones), y opinar hasta de lo inopinable. No importa el tópico, el chiste es sentirse escuchado. A veces somos tan pequeños. Pero yendo al grano, ¡cuántas cosas puede uno hacer bajo el efecto encantador del dulce néctar de los dioses alcohólicos!: Maldecir desenfadadamente y con singular alegría, con la creatividad de un estibador de la central de abastos (también aplica la de chofer de colectivo); alabar los encantos de las lindas damiselas al pasar, como todo un albañil (que va! como todo un peón! esos muchachos tienen una gran inventiva y luego dicen cada ocurrencia!); agarrarse a golpes sin mayor motivo que el de que alguien nos vió feo... y pelearse como todo un valiente espartano pero, al final, terminar recibiendo todos y cada uno de los madrazos en la cara y hasta con algún diente roto; transformarse en galán después de 7 cervezas y ligarse a la tía más buena del lugar (aunque todos sabemos que ambos están muy lejos de la perfección); después de que todo el alcohol se acaba, volverse el tío rico de la bola de parásitos de sus amigos y derrochar completamente la quincena (bien habida o mal habida, qué más da!... malgastada al fin) pagando otras cuantas rondas; sacar al punk que lleva uno dentro y realizar cualquier cantidad de actos vandálicos en la calle, en propiedad privada o hasta delinquir en nuestra propia casa (arriba la anarquía hogareña!); bailar como Johnnie Baima, en compañía de personajes del mismo calibre (solo faltaría la sombrillita coqueta); hablar de política, fútbol, la farándula y el mundo del espectáculo y todas esas mediocridades de las que uno cree saber todo; disertar sobre Dios y nuestras diferentes teorías sobre el origen de la vida (en el fondo, usted sabe que está por descubrir el hilo negro de todas las cosas en cualquier momento, sobre todo en uno de briaguez); conducir como si nuestro auto tuviera turbinas y/o hasta piloto autómatico con sensor de obstáculos y ultra orientación GPS, para no meterse a calles en sentido contrario y en una de esas, encontrarse a una patrulla de frente. Qué más... uno puede hacer muchas estupideces en ese estado inconveniente. A veces, hay que reconocer que el alcohol le pone cierto sabor a nuestras vacías e insípidas vidas. Pero probablemente ese tan solo es el borroso punto de vista de un servidor (viendo a través de un vaso vacío). Vamos al Cirrosis Bar. ¿Quién se apunta?